Una investigación filosófica

Autor: Philip Kerr

Año: 1992

En esta ocasión estamos ante una novela policíaca poco convencional, ambientada precisamente en el año 2013.

La trama gira en torno a un asesino en serie que, estando fichado en un programa experimental europeo para prevenir comportamientos criminales, en base a determinados parámetros cerebrales, consigue acceder a la base de datos del programa y se dedica a asesinar a algunos de esos potenciales criminales.

Lo diferencial respecto a otras novelas de este género  es que, en este caso, se le da un papel principal a la psicología del asesino y a sus razonamientos filosóficos (a modo de monólogo), en base a los cuales actúa e interacciona con el “alias” que el programa le ha otorgado, y que corresponde a un filósofo austríaco. Es precisamente en este aspecto, en donde flaquea el libro, al basar parte de las investigaciones policiales en paralelismos entre el asesino y el filósofo que, dado que la denominación se supone aleatoria, no deberían de existir, salvo de modo casual.

Para un lector que busque una novela policial típica, quizás no sea recomendable esta novela, ya que, en determinados momentos puede llegar a hacerse pesada la carga filosófica que otorga el autor a la trama, a pesar de que, sin ser conocedor de la materia, parece rigurosa y trabajada.

Me ha gustado mucho el personaje de la inspectora encargada de dirigir la investigación policial. También resulta curioso ver como se imaginaba el escritor, en 1992, que sería el mundo en el que vivimos actualmente, sobre todo en lo relativo a los adelantos tecnológicos. Y no pasará inadvertido el tipo de castigo que, de modo futurista, dibuja el autor para los asesinos.

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